El terráqueo vientre de Abe Lucas

Advertencia: Debido a que escribí este modesto análisis semanas después de haber visto la película. El resultado final se ve influenciado por las impresiones más indelebles que me generó la cinta, aunado a la abrumadora experiencia de conocer a Lucas. Recomiendo al lector que no la ha visto, se abstenga de leer estas líneas, y si ya la vio me temo que se enfrentará al equivalente verbal de un licuado espeso y maloliente con omisiones y disparates en algunos párrafos. Sin más que advertir le doy la bienvenida a este espacio, cuya única pretensión es ejercer el libre pensamiento.

Así es lectores involuntarios o más bien debería decir lectores extraviados, yo sostengo que el personaje principal y protagonista de la película dirigida por el director Woody Allen llamada: “Hombre irracional” tenía esa visión holística del mundo con sólo dirigir su penetrante mirada hacia abajo. Ya que él era el ombligo del mundo.

Personaje atrapado en las arenas movedizas de la clase media norteamericana y henchido más a base del confort que ofrece esta clase, que a los alimentos procesados que prodiga (posiblemente metáfora inconsciente del cineasta). Su complejidad a lo largo de la cinta podemos poco a poco ir deduciéndola a través de su diálogo interno como externo, eso sin mencionar su postura y apariencia.

Sin lugar a dudas Rock Star del circuito filosófico universitario, a los pocos segundos de entrar Lucas a cuadro este pensador sustenta la apatía por la vida de un octogenario minusválido que orina a través de un tubo que sale de su uretra.

El primer pensamiento obvio que vino a la mente fue su formación filosófica como la causante de su sinsabor a la vida, pero ¿por qué no apostar por un acercamiento más estoico de la misma? El título de este film nos advierte de la radiación a la cual vamos a estar expuestos lo largo de la obra. Y esto es lo irracional y contradictorio de los personajes. Lo cual resalta más al tener resuelta o en vías de resolver sus vidas en ese paraíso que sólo puede ofrecer el suburbio norteamericano al blanco caucásico. Y esto lo detona la poderosa personalidad de Lucas que se presenta como fuerza destructora y constructora a la vez.

A sus ojos la maquinaria ideológica y los enormes recursos con los que cuenta su país, así como el sistema de pensamiento que conforma el cuerpo filosófico occidental (filósofos que no tarda en citar a la menor provocación y en especial a Kant) son inoperantes ante una realidad demoledora que se sustenta en la mentira. Es en este punto de la historia es donde Lucas está en la posibilidad de ser más un guía que un catedrático y renuncia ante este privilegio para hacer caer a la gente que lo adora en especial las mujeres, más concretamente Jill y Rita (traicionando a sus respectivas parejas y teniendo un romance con Lucas al mismo tiempo).

Un punto de inflexión sobresaliente en la trama para entender el grado de descomposición moral de Abe, es la fiesta, donde Jill en presencia de compañeros y amigos quedan abrumados y desconcertados al ver el despliegue de locura del profesor al poner una pistola en su cien y apretando el gatillo innumerables veces. No es de sorprender que haya elegido el asesinato como una vía para impartir “justicia” a una pobre madre víctima de su insensible esposo y el amigo de este, el juez. La muerte curiosamente despierta sus deseos de vivir y le da una razón para seguir adelante. Ya que, al parecer el legado de sus ensayos, así como el entusiasmo que despierta sus clases. Sin mencionar las generaciones enteras que ha inspirado con su pensamiento crítico, no significa nada para él. El mundo intelectual y académico no se comparan con la praxis y menos aun cuando está de por medio la adrenalina que despierta tramar un asesinato «perfecto».

Una vez más la película promueve el debate sobre ciertos temas escabrosos de índole ético. ¿Hasta qué punto el asesinato está justificado? ¿La intuición es suficiente para discernir entre el bien y el mal? Y si es así, ¿Cómo es posible que nuestras autoridades mediante el ejercicio del poder judicial justifiquen y alienten el asesinato?

Obviamente la película se abstiene de dar respuestas fáciles y a nosotros nos corresponde darles una continuación a estos temas, rumiándolos hasta el borde de la locura como siempre lo hace el buen cine cuando trata asuntos trascendentales.

Para concluir, creo que el concepto de libertad adquiera tal relevancia cual si fuera un personaje del casting. Lucas en su declive personal da por sentado este privilegio y la rutina de su día a día lo invisibilizan. Sólo a partir de perder esta facultad es cuando valora todos los matices y placeres que ofrece la vida, pasando de los sencillos hasta los más complejos. Lo que lo orilla a sacar su versión más perversa e inhumana, o como diría Woody Allen (puedo asegurárselos) su proceder más IRRACIONAL.