Llanto al margen del río
Resuello con paso cansino arrastraba los cascos por la calle empedrada, se diría que el animal también participó del juego de dominó y los tragos que circularon ininterrumpidamente a lo largo de la mesa de aquella reunión licenciosa. La luna llena alumbraba al dúo como si se trataran de dos actores recién salidos al escenario dispuestos a interpretar sus roles. Esa noche los perros callejeros que acostumbraban romper el silencio con su aullido estremecedor estaban irremediablemente silenciados, como a la espera de algún acontecimiento aciago. Don Vences encorvado sobre la silla eructaba la infinidad de bebidas etílicas que habían pasado y raspado su garganta y las cortantes ráfagas de aire montañés horadaban sus secas mejillas color bermellón.
El caballo que estaba a punto de llegar al puente que cruza la vía del río Chico caminaba a un costado de este, cuando de improviso un sollozo apenas perceptible pero agudo como el rechinar de dientes abrió los cansados parpados de Vences, cuyos ojos se dirigieron magnéticamente a la hermosa figura recortada por el haz de luna y cuya sensual silueta se delineaba a la perfección a través de la bruma que exhalaba el cauce del río.
Al igual que un torrente frenético de agua, sangre pura y oxigenada recorrió todo el ser de Venceslao que irrefrenablemente tuvo un deseo animal de propagar el apellido Argüello y competir en descendencia con el inigualable Gengis Kan. Haciendo caso omiso del lastimero llanto, Vences dejo que la fuerza viril que anidaba debajo de sus pantalones lo guiara en esta sublime empresa.

-¿Por qué tan solita mi reina?, aquí tienes mi musculoso hombro ¡hip! a tu servicio, que esta más que dispuesto a secar esos ojazos tapatíos – La lujuria le permitió articular oraciones que de otra forma se hubieran visto ahogadas en el mar de alcohol que era su ser- Arrímate mamacita ¡hip! que el frio cala pero el ardor triunfa sobre Bóreas.
Su hirviente humanidad se aferró a los pocos vestigios de cultura grecolatina que sobrevivían a duras penas en su estéril cerebro rural. Pero la hermosa dama al recibir tan cálidas y hasta cierto punto románticas palabras interrumpió su llanto y girando su bella cabeza contempló al poeta de llano que intentaba por todos los medios bajarle las bragas. Al cruzarse sus miradas un relámpago la sacudió y en un arrebato de deseo rodeó al hombre por el cuello y lo arrastró debajo del puente pedregoso.
Vences que no podía creer en su buena suerte, rápidamente despacho su vara mágica y en un abracadabra el paraíso con sus ángeles y arcángeles se le mostraron en todo su esplendor. Pero es sabido que nada dura eternamente en esta vida y tal escena idílica proto se derrumbó como un castillo de naipes, pues un relincho de caballo que asemejaba burdamente al orgasmo femenino se abrió paso por la garganta de la llorona. Contrariado y asqueando Venceslao se separó abruptamente de su conquista sobrenatural. Y con los pantalones y los calzones por debajo de las rodillas fue retirándose poco a poco del espectral ser, buscando frenéticamente a su inseparable amigo Resuello, que para entonces ya no era tan inseparable y estaba haciéndole honor a su nombre corriendo como alma que lleva el diablo, más allá de la demarcación de Amanalco.
-Acércate amor mío, no me abandones…tenemos toda la noche para hacer el amor- El aliento que exhalaba la llorona enrarecía toda la atmósfera con un efluvio mezcla de avena, heno y estiércol de caballo.
Como era de esperarse Venceslao recuperó la sobriedad instantáneamente y más veloz que un corredor de cien metros planos regresó a su casa, Y al cobijo y amparo del lecho nupcial junto a su esposa (que casi vomita por el hedor que emanaba de su beodo marido), Vences dio gracias al cielo por arrebatarlo de las garras del mal y regresar entero junto a su familia. Hermelinda suspiró aliviada, y se regocijaba, al darse cuenta de que su hombre había echo las pases con la razón y con una sonrisa de labios apretados sabia o eso pensaba que había recuperado de alguna forma la ausente armonía familiar. Pero el tiempo se encargaría de desmentirla.
continuará…

